
Muchos entrenadores se preocupan únicamente en el aspecto "profesional" de sus relaciones con sus jugadores, solamente ven las facetas o carencias técnicas o colectivas sin mirar mas allá. A mi me gusta llevar la relación con mis jugadores, compañeros y directivos de una forma mas personal. Algunos me dicen que esa es una de las facetas que juegan en mi contra a la hora de ser un buen entrenador, a veces miro más la persona que el jugador y por eso no siempre soy tan "profesional" aunque esa faceta juegue en mi contra.
Puede que tengan razón, puede que de ser más "profesional" y únicamente mirar el aspecto relacionado con el baloncesto consiguiera más logros deportivos... pero no me metí a entrenar solamente por conseguir logros deportivos, mi principal motivación de entrenar a baloncesto fue el creer que pudiera inculcar en los jugadores, compañeros y directivos el "amor" a este juego como yo lo vivo.
Soy un fiel creyente en que el baloncesto es más que un simple juego, es una forma de vida. Me gusta pensar que además de conseguir mejorar técnicamente a mis jugadores soy capaz de mejorarlos humanamente. Y ese es el motor principal de mis enseñanzas, mejores o peores que mis compañeros entrenadores, pero no deja de ser una forma de entrenar como otra cualquiera.
Todo este rollo viene debido a que en la tarde del lunes, cuando me disponía a entrenar, todo el equipo me recibió con un cordial aplauso, lleno de felicitaciones, todo por que este fin de semana (en el puente) he decidido formalizar mi relación personal con mi novia y mis jugadores, lejos de cualquier relación con las canchas, también se han alegrado por mi relación personal. Lo más curioso de todo es que yo no tenia conocimiento de que lo supieran y todo me llego de improviso.
Estas pequeñas cosas son las que hacen que un equipo se mueva como uno único. Las historias personales tienen mucho que ver con este juego, la situación de cada uno, la armonía y el buen ambiente de un vestuario... "la piña" de un equipo, son lo que hacen a un grupo mejor o peor que su adversario, tanto dentro como fuera de las pistas. Por eso considero que este año tengo un gran equipo, donde, por encima de rivalidades deportivas, desavenencias personales, predomina el grupo y sus intereses mutuos.
Por estas historias y otras muchas (que ya os iré contando), son las que a lo largo de mi carrera "profesional" como entrenador he vivido y sigo viviendo. Las considero más que recompensas personales, son las que me llenan y me renuevan las fuerzas para seguir creyendo en este deporte y en este estilo de vida.
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