A menudo los entrenadores pecamos de querer conseguir aquello que nosotros no fuimos capaces de hacer, o creer en demasía sobre las posibilidades reales de nuestros jugadores y de nuestro equipo. Casi siempre vemos más posibilidades de las reales y eso nos condiciona negativamente a la hora de afrontar los retos reales de nuestras posibilidades, ya que tras un error o fracaso en la conquista que como objetivo nos habíamos marcado al principio de temporada nos encontramos con un panorama muy lejos de lo dictado antes de comenzar, pero que en la mayoría de los casos corresponde a la realidad de nuestra situación.Como bien menciona Bernabé Tierno en su articulo sobre la autosuperación, el solo echo de no llegar a los objetivos marcados (cuanto más lejos de la realidad peor aún) crea la sensación de fracaso y de desesperación, que en la mayoría de los casos conduce a la autoculpación o a la desesperación provocando el abandono o transfiriendo el fracaso al aspecto de la vida personal del individuo.
Es por ello que antes de marcar unos objetivos, a veces inalcanzables producto del desconocimiento de la realidad, se debe de saber y de conocer a ciencia cierta todos los factores que intervendrán en la consecución del objetivo:
- Se puede tener un buen grupo de jugadores, pero puede darse el caso de que no se tenga un buen equipo, sino una acumulación de buenos jugadores pero que no sepan funcionar en equipo.
- También se puede dar el caso contrario, disponer de un buen equipo pero faltos de buenos jugadores, en ese caso normalmente se suele llegar a objetivos mayores a los marcados, puesto que por encima de las individualidades existe el mismo sacrificio y el mismo fin común.
- En otros casos es cierto que a pesar de disponer de buenos jugadores y de un buen equipo el objetivo no se cumple, la razón es que en ocasiones no se cuenta con el rival, siendo en una gran mayoría de casos el gran causante de que en igualdad de condiciones te conlleven al fracaso frente a un límite extremo de posible victoria (miedo a ganar).
- Y en el mejor de los casos, cuando uno aspira a menos y consigue más es cuando realmente se llega al triunfo y a la sensación del trabajo bien hecho.
La verdad es que todo el mundo, en mayor o menor medida, si dedica tiempo y esfuerzo por progresar, por avanzar y por seguir aprendiendo día a día se puede sentir muy orgulloso, lejos de conseguir grandes victorias o de conseguir grandes hazañas deportivas. Que en la mayoría de los casos son pasajeras y quedan en el olvido. Lo realmente importante de este deporte es la satisfacción personal de la autosuperación que todos y cada uno de los implicados sean capaces de alcanzar de forma individual y colectiva.
Es por todo ello que a menudo nos equivocamos en el mejor camino a tomar y en los objetivos reales de cada uno. Pero también a menudo se suele triunfar a pesar de los resultados, consiguiendo autosuperarse y trasladar ese logro deportivo a cada faceta de la vida personal. Ese es el verdadero objetivo y el verdadero fin de los entrenadores de cantera, progresar y avanzar con cada jugador y de manera colectiva... llegando, únicamente, a cuotas mayores tras muchos años de práctica aquellos que realmente se esfuerzan y logran autosuperarse (sirvan o no sirvan para este deporte).
NOS VEMOS EN LAS PISTAS.

